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Cosmovisión mítica, épica y trágica
lunes, 23 de mayo de 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
domingo, 5 de abril de 2015
Poemas de Jorge Luis Borges
Laberinto
No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.
De "Elogio de la sombra". Jorge Luis Borges.
EL LABERINTO
Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolador.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojala fuera
éste el último día de la espera.
No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.
De "Elogio de la sombra". Jorge Luis Borges.
Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolador.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojala fuera
éste el último día de la espera.
Jorge Luis Borges
Cosmovisión Mítica 3
LAS RUINAS CIRCULARES
Jorge Luis Borges
Nadie lo vio desembarcar en la anónima noche, nadie vio la canoa de bambú
sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el
hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que
están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no
está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra.
Cosmovisión Mítica 2
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La casa de Asterión
Jorge Luis Borges
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Cosmovisión Mítica 1
Dentro de la cosmovisión mítica, veremos cuentos de escritores contemporáneos que hacen referencia a mitos antiguos o que proponen historias en donde se percibe una mirada holística del mundo o un tiempo circular.
Los cuentos que se proponen son los siguientes:
I
—¿Qué quieres, viejo?...
Varias veces cayó la pregunta de lo alto de los andamios. Pero el viejo
no respondía. Andaba de un lugar a otro, fisgoneando, sacándose de la
garganta un largo monólogo de frases incomprensibles. Ya habían
descendido las tejas, cubriendo los canteros muertos con su mosaico
de barro cocido. Arriba, los picos desprendían piedras de mampostería,
haciéndolas rodar por canales de madera, con gran revuelo de
cales y de yesos.
Los cuentos que se proponen son los siguientes:
Viaje a la semilla
Alejo CarpentierI
—¿Qué quieres, viejo?...
Varias veces cayó la pregunta de lo alto de los andamios. Pero el viejo
no respondía. Andaba de un lugar a otro, fisgoneando, sacándose de la
garganta un largo monólogo de frases incomprensibles. Ya habían
descendido las tejas, cubriendo los canteros muertos con su mosaico
de barro cocido. Arriba, los picos desprendían piedras de mampostería,
haciéndolas rodar por canales de madera, con gran revuelo de
cales y de yesos.
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